Eva Huebra Montañés.

Retazos, Naiá, El vuelo de las meigas y ahora Pinceladas al aire. 2020 alumbró este nuevo trabajo de la escritora Eva Huebra, que anuncia ya que el mes que viene tiene intención de presentar una nueva obra.

– Publicó en abril del pasado año Pinceladas al aire. ¿Qué tal acogida ha tenido?

Este nuevo trabajo ha tenido una acogida muy satisfactoria. Es un libro corto. Una obra que recopila mis poemas, relatos, dibujos y pinturas. Y para mí es el tipo de libro ideal para aquellos lectores que disponen de poco tiempo y/o para aquellos a los que les gusta leer poesías o relatos sueltos antes de dormir o mientras esperas, por ejemplo, para entrar en una consulta o para hacer tiempo esperando a que salgan los niños del colegio, etc. ¡Vaya, para cuando quieras o puedas leer sin tener que estar concentrada en una lectura más extensa! Lo veo también muy apropiado como lectura en alto en algún centro para mayores o jóvenes, como por ejemplo en una residencia de ancianos como ya se ha hecho, y se sigue haciendo, con mi anterior libro Retazos, de estructura similar. Me consta que en la Residencia Caser de Anaka se lee a los mayores. De hecho, en esta residencia, donde por cierto vive mi madre, he hecho varias presentaciones y los residentes participan y se lo pasan muy bien siendo parte activa en su lectura y con las proyecciones de audiovisuales con música y fotografía que suelo compartir con ellos. En cuanto pase esta dichosa pandemia iré a presentar Pinceladas al aire, porque a ellos les gusta la experiencia, pero a mí me encanta..

– ¿Por qué este trabajo?

Este nuevo trabajo surge por una parte por lo expresado anteriormente, pero también porque me gusta intercalar este tipo de libros, con una estructura distinta al de una novela, para mantenerme en contacto estrecho con mis lectores hasta la publicación de una obra más extensa. Retazos funcionó muy bien y esto me ha animado a compartir mis inspiraciones en forma de relatos y poesías, además de mis dibujos y pinturas, en un libro de características similares y no descarto ir publicando más trabajos de este estilo, entre novela y novela, dada la buena acogida que tienen. Además, adoro el arte en todas sus manifestaciones y para mí Pinceladas al aire es una oda de amor al arte y a la naturaleza. Por eso la portada es como la llamo yo, Mi Chica del Bosque, y la pinté a acuarela.

Retazos, Naiá, El vuelo de las meigas, Pinceladas al aire… son trabajos muy distintos y con temáticas también muy diferentes. ¿A qué se debe?

Se debe a que no me gusta nada, y me aburriría soberanamente, el escribir y hacer siempre lo mismo. Necesito retos; necesito que la obra me sorprenda incluso a mí a medida que la voy escribiendo, hilvanando, cosiendo… como una costurera que las va uniendo en retazos de inspiración.

– Leía hace un tiempo a algún escritor que la pandemia y el confinamiento le había permitido dedicar tiempo a escribir todavía más. En su caso, creo que tiene preparado un nuevo trabajo para el mes de febrero…

Sí. Efectivamente, y si todo va bien, publicaré mi nueva novela a finales del mes de febrero. Es una novela que comencé a escribir en 2019 y que terminé en septiembre del año pasado, aunque no le he puesto el punto final, final, hasta hace unas semanas. En mi caso, la pandemia sí que ha ayudado a acelerar su finalización al disponer de más tiempo libre y al no poder, por otra parte, viajar todo lo que me habría gustado durante el año que hemos dejado atrás.

– He leído también en sus redes que se pasó 2020 pintando y haciendo manualidades…

Sí, es cierto. Como ya he comentado, me gusta el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Por eso y para ocupar el tiempo me he dedicado a dibujar, a pintar a acuarela y acrílico, también he modelado en arcilla, he hecho un faro en papel maché, he pintado sobre tela, he hecho papel reciclado. ¡En definitiva, que no me he aburrido en absoluto!

– Como miembro de la Asociación Cultural Oskarbi le ha tocado redactar uno de los textos del libro «Irun. Historia gigante/Historia Erraldoia» de Ondare Kultur Elkartea, presentado recientemente. ¿Qué tal la experiencia?

Ha sido una experiencia muy grata. En cuanto supe que Ondare Kultur Elkartea nos invitaba a los escritores de Oskarbi a participar, con un relato, en el libro, no lo dudé. Primero porque me parece que como asociación hace una labor encomiable al dar a conocer la historia de Irun a través de sus gigantes y después, porque me apetecía mucho escribir sobre la emblemática Fábrica de Chocolates Elgorriaga. Tenía claro que quería escribir un relato sobre un anciano que en el ocaso de su vida echa la vista atrás para recordar el olor del chocolate; un olor y sabor que ha formado parte de su vida al trabajar y enamorarse entre las paredes de la fábrica. El relato se titula Dibujando sonrisas de chocolate, porque éste, el chocolate, siempre nos dibuja una sonrisa a grandes y pequeños cuando nos lo comemos. También he colaborado con un pequeño dibujo…

– No ha sido precisamente un buen año 2020 para la cultura, en general. ¿Qué le pide a 2021?

Bueno, a mí me gustaría pensar que no ha sido tan malo. De hecho si no hubiera sido por la cultura, por la literatura, la música, las series, la televisión… la pandemia se habría llevado mucho peor. Creo que durante este tiempo, la gente, en general, se ha dado cuenta de su importancia. Porque cuando disponemos libremente de algo, tendemos a no darle el valor que realmente tiene. También me gustaría añadir que espero que ese valor no decaiga y que los autores no nos veamos nunca en la obligación de convertirnos en El Flautista de Hamelín, también llamado El Cazador de ratas, de la famosa fábula o leyenda que documentaron los Hermanos Grimm. Espero que después de haber entretenido al personal, después de haberles librado de las ratas que infestaban el pueblo, y que en este caso representan a un virus denominado Covid-19, no tengamos que llevarnos la cultura y el arte, con lo que ello supone, a una cueva, tal y como el flautista hizo con los niños, para que el mundo en general se de cuenta de que crear debería tener su recompensa, pues una vida sin arte y sin cultura, tal y como digo en mi libro Pinceladas al aire, es menos vida…