Izaskun Salgado, durante la ofrenda floral en San Marcial. / Estudio Gover

Parece mentira, me da la sensación de que ayer era 11 de mayo, día en el que Lapice, mi compañía, elegía a la cantinera de este año y ahora estoy aquí, 2 de julio, intentando ordenar todas las emociones y sentimientos que me han aflorado durante estos casi dos meses. Nunca podré olvidar aquel viernes, ese 11 de mayo en el que mientras estaba con mis padres, mi hermana y mi sobrino en casa, sonó el timbre que tanto tiempo llevábamos esperando. Desde aquel momento en el que Manu, capitán de la compañía, me hizo la pregunta, a la que como buenamente pude di una respuesta afirmativa, he tenido la sensación de vivir en una nube, en un sueño constante del que no quería que nadie me despertara.

El tiempo pasa volando y tras realizar todos los preparativos previos, casi sin darme cuenta ya estábamos a 20 de junio, contando las horas, los minutos, los segundos para que la compañía, mi compañía, viniera a buscarme en el primer ensayo oficial. Tres días de ensueño a cada cual más especial…

Pasó una semana y llegaron los tres días grandes, y con él ese momento en el que desde nuestro querido kiosko de la plaza del Ensanche escuchas cómo una voz anuncia: “Lapitzeko kantinera: Izaskun Salgado Uranga” y entonces sí, comienzas a subir las escaleras empezando a ser consciente de que eres tú, de que todo lo que estás viviendo es real. Desde arriba, las 19 cantineras de este año, 19 afortunadas, os comentamos que “quedan dos días para pintar el cuadro más bonito de nuestras vidas, llamado San Marcial” y así fue.

El día de San Pedro fue un día cargado de emoción desde el primer momento, con alguna visita sorpresa incluida que nunca tendré palabras suficientes para agradecer. El momento de la Revista fue único, ver el parque de Alai Txoko lleno de gente impresiona, pero a la vez contrasta con el sentimiento de estar viviendo un momento íntimo, con la compañía, con la gente del barrio, con la que compartes vida a diario y te ha visto crecer.

Y sin ser consciente de ello, ya es día 30 y el despertador suena a las 2:30 de la mañana. Sin apenas darme cuenta de lo que hacía, y siempre con la ayuda de la ama, me puse los pololos y me protegí los pies mientras mi peluquera me peinaba. Luego fui donde la maquilladora, y para cuando me quise dar cuenta la ama ya estaba cosiéndome la banda a la guerrera.

Siempre recordaré el momento en el que me miré al espejo. Verme por primera vez vestida de cantinera fue un momento impactante, era yo, la niña que todos los años veía y aplaudía a rabiar a todas las cantineras, la que soñaba con ser ellas alguna vez, estaba mirándose al espejo viendo su ilusión convertirse en realidad.

Izaskun Salgado, en la plaza de San Juan. / Estudio Gover

Ver llegar a la compañía, ver por primera vez a mis amigos, que me tocaran la diana en el portal de casa, el trayecto hasta la plaza de Urdanibia… son muchos los momentos especiales vividos incluso antes de que diera comienzo el Alarde.

Más de una vez me han preguntado: ¿Con qué momento te quedas? Una pregunta que a mí, sinceramente, me resulta imposible responder. Por la mañana la Arrancada, el poder vivir la entrada del General desde dentro, la bajada a la Iglesia… cada momento tiene algo que lo hace especial, al igual que subir a San Marcial y poder realizar la ofrenda.

Con el Alarde de la tarde llegarían los momentos de mayor emoción, atravesar la calle Larretxipi, sintiendo la cercanía y el cariño de todos los que deciden presenciar allí el Alarde, volver a bajar a la Iglesia y cruzar el Paseo de Colón fueron momentos preciosos. Aunque sin duda, nunca podré describir el sentimiento que atravesó mi cuerpo al comenzar a subir la avenida de Gipuzkoa, cuando en una breve parada pude mirar al frente y ver la gran cantidad de gente que la abarrotaba.

“Estás en casa, en el barrio, con mucha gente que conoces, disfrútalo” pensé y volvimos a echar a andar casi volando entre la lluvia de aplausos y la gran cantidad de palabras cariñosas que llegaban desde las aceras. Realicé la parte final del Alarde siendo un mar de lágrimas, lágrimas de alegría, las de una joven irundarra que con 24 años estaba viviendo algo que desde pequeñita había imaginado.

¿De la calle Mayor? Poco se puede añadir, con todo lo que escriba me quedaré corta, el ambiente que se crea allí es muy muy muy especial. En mi memoria se queda para siempre el momento en el que bajando la calle Mayor vi a mis amigos, a mi cuadrilla, a mis dos mejores amigas y en especial a mi ama y a mi hermana. Allí estaban gritando y aplaudiendo como locos, compartiendo conmigo un sueño que, en gran medida, también era el suyo.

Y una vez acabadas estas fiestas de San Pedro y San Marcial, ¿qué? Ahora solo me queda dar las gracias:

Gracias a todas las personas que desde cualquier rinconcito, ya sea en las aceras, desde los coches y motos o desde los balcones, nos habéis animado y aplaudido cada día. Gracias a todos los que habéis sacado cualquier momento para dedicarme unas bonitas palabras, una felicitación. Gracias a todos los que os habéis acercado a sacaros una foto conmigo y, en especial a todos los pequeños que con ese brillo en los ojos y con tanta ilusión me habéis transmitido todo vuestro cariño, en cada aplauso, en cada regalo, en cada palabra bonita… de verdad, ha sido increíble. Gracias a Nerea y a Consuelo, por toda la ayuda y todos los consejos que nos habéis dado. Y un agradecimiento muy especial para vosotras chicas, las 18 cantineras con las que he tenido la suerte de poder compartir esta experiencia que ninguna de nosotras olvidaremos.

Gracias a toda la compañía por lo cariñosos que habéis sido conmigo, y a todos los miembros de la comisión que con su voto decidieron darme la oportunidad de hacer mi sueño de pequeñita realidad. Mención especial merecen Manu, Javi, Gaizka, Iñaki, Jesús Mari y Manolo, los mandos, gracias por todo el cariño que desde el primer día me habéis dado tanto a mí como a los míos, por estar constantemente pendiente de mi, cuidándome, dándome todo tipo de consejos como éste: “disfruta de cada momento y, sobre todo, sé tú misma, haz lo que te salga en cada momento”. Gracias también tanto al cabo de txilibitos, José Mari, como al de redobles, Javi, por todos los buenos momentos que hemos compartido. Tampoco quiero ni puedo olvidarme de ella, gracias Leire por todos los consejos y el cariño que me has dado desde el día de la elección. Tengo muchos momentos para recordar, pero nunca olvidaré esos dos abrazos que nos dimos, tanto el día 28, como en la Revista del día de San Pedro.

Gracias a todos por la gran cantidad de detalles que he recibido a lo largo de estos dos meses. A mi cuadrilla y amigos por todos los buenos momentos que hemos vivido en estas fiestas, nunca los olvidaré, espero que hayáis podido disfrutarlo tanto como lo he hecho yo, nunca habrá palabras suficientes para agradecéroslo. Gracias a mi sargento acompañante, mi aita, y a mi cabo, mi cuñado, por haberme cuidado tanto y haber compartido estos días irrepetibles conmigo. Pero si hay dos personas a las que les tengo que dar las gracias especialmente esas son ellas, mi ama y mi hermana. Sin ellas nada de esto hubiera sido posible, han sido las artífices de que todo haya estado organizado para cada día.

El año que viene volveré orgullosa a vivir todo desde las aceras, reviviendo cada instante de estas fiestas de San Marcial 2018, y sintiéndome muy afortunada por haber tenido la oportunidad que, por desgracia, no todas las irundarras podemos tener. ¡Eskerrik asko Irun por todos el cariño que me habéis dado!

Gora Lapice!
Gora Irun!
Gora San Marcial!