Iñaki Díaz, a su paso el día 30 por la plaza de San Juan en el recorrido de la tarde. / Estudio Gover

Uff me han pedido que escriba sobre mi experiencia en los 4 años de capitán de la Compañía de Santiago, pero me resulta imposible separarlos de mis más de 30 años en la misma. Desde niño vinculado al barrio y a Santiagotarrak, en cuanto pude empecé a desfilar en la compañía de mi barrio, primero como soldado y cabo de redobles, luego como alférez (3 años), posteriormente como teniente (5 años) y finalmente como capitán a partir de 2015.

He de decir que jamás pensé en ser mando de mi compañía, pero mi carácter “salsero y comprometido” con las cosas en las que creo y quiero (nuestro Alarde es una de ellas), me fue llevando de una a otra. Han sido años de mucho trabajo y a su vez de inolvidables experiencias en los que he forjado lazos de amistad con el resto de mandos y sus familias, con miembros de la comisión y de la compañía, por los que me he sentido muy apoyado incluso apreciado. Finalmente, destacar muy especialmente, la relación con “mis” 12 cantineras y sus familias, que es una de las cosas que solo se vive si uno es mando. En los apenas dos meses que transcurren desde el día de la elección y el 1 de julio, son muchas e intensas las vivencias y los sentimientos compartidos, en los que las familias nos han hecho sentir como uno más de entre ellos y en los que se forja una amistad que espero perdure toda la vida. De hecho a lo largo de estos años hemos visto como algunas se casaban (incluso hemos asistido a su boda), han tenido hijos, se han ido al extranjero… pero con todas seguimos manteniendo contacto, una relación especial y un gran cariño.

Centrándome en estos últimos 4 años de capitán, que es lo que me han pedido (me gustaría no caer en los tópicos, aunque me va a ser imposible), he de decir que ser capitán y encabezar la Compañía de Santiago representando a mi barrio y formando parte de una pequeñísima parte de la historia de mi compañía y del Alarde, ha supuesto para mí un grandísimo honor y orgullo.

Llegar el día 30 (San Marcial) al punto de concentración en el barrio, estrechar la mano y saludar a tus mandos y miembros de la compañía es una gran forma de comenzar este día. Arrancar con la compañía al amanecer en el barrio, para ir a recoger a la cantinera en casa es uno de los momentos mágicos que siempre me ha gustado, y si además tienes la fortuna de ir en cabeza es impagable, de camino siempre imagino a la cantinera preparada oyendo cómo su compañía llega a buscarle. Verle, ahora sí vestida de cantinera, guapísima, con expresión en la cara de que necesita tu aprobación, con la familia nerviosa pero feliz a su alrededor, es maravilloso. La compañía aguarda abajo a que su cantinera y capitán salgan al balcón para tocarles la diana, entonces le cojo de la mano, guante con guante, y nos asomamos los dos solos, es un momento íntimo con la cantinera, mágico, difícil de describir, contemplando desde arriba un paisaje imaginable, la compañía formada preparada con su cabo de banda (Alberto) que arranca la diana de la compañía, con el barrio como marco y los sones de la diana como banda sonora.

Después llega el momento de la concentración en la plaza de Urdanibia con el resto de las compañías y tropa, a la entrada dar las novedades de tu compañía a tu Comandante y amigo en este caso, a las 7:20 horas la primera de las llamadas a capitanes en la plaza de Urdanibia por el Comandante primero y en San Juan por el General después, con sus discursos llenos de nervios, emoción y profundo sentimiento de hacer siempre y cada año el mejor Alarde de la historia, es maravilloso. A continuación llega el momento mágico de la Arrancada que a toque de cornetín arranca la Escuadra de Hacheros. Notar en tu piel los aplausos y ánimos del público durante el desfile no tiene precio, cuando debería de ser al revés.

Llega el rompan filas de la mañana en la calle Ermita, agradeciendo a la tropa por el fantástico Alarde y deseando una grata comida, los mandos (oficiales y suboficiales) junto a la cantinera y sus acompañantes nos dirigimos a coger el autobús que nos sube a San Marcial para cumplir así con el voto de nuestros antepasados, previamente en el monte situarnos en “nuestro txoko” para almorzar, reírnos y sacar las fotos de rigor, después llegan los actos íntimos y emotivos con el desfile, la ofrenda floral, las salvas, saludo a la bandera y corporación de “La muy Noble y Leal, Muy Benemérita y Generosa y Muy Humanitaria” Ciudad de Irun, y tras las fotos acabamos los actos oficiales de la mañana. ¿Dónde puedes encontrar un cóctel tan perfecto como la unión de tradición, fiesta, sentimiento y música? Si es que, con el permiso del resto del mundo, tenemos las mejores fiestas del mundo.

Aunque para esto es lo mismo seas capitán o no, no quiero olvidarme de la comida, momentos para disfrutar de la familia (Esnaola), comentar cómo ha ido el Alarde de la mañana y coger el punto de alegría con el que se desfila por la tarde, un desfile un poco menos solemne pero no por ello menos serio y lleno de sentimiento.

Comienzo la tarde yendo junto a los mandos y el banderín a buscar a la cantinera y sus acompañantes, para ir todos juntos al punto de arrancada del Alarde, en nuestro caso, en la calle Santa Elena. La llamada a capitanes antes de arrancar, un momento especial para saludarte, de nuevo, con el resto de capitanes, General, Comandante, cornetín y ayudantes con los que has estado todo el año trabajando codo con codo en la Junta de Mandos y a los que has cogido cariño. Hago un inciso porque no me gustaría olvidarme también de la Junta de Alarde a la que también he pertenecido durante estos 4 años, siendo un placer trabajar junto a exgenerales, representante de cantineras (Nerea) y soldados para quitarse el sombrero, en mi caso en ambas juntas como tesorero. Después juntos a los capitanes “vecinos” (compañías que desfilan delante y detrás) nos tomamos un refrigerio en la calle Santa Elena y nos deseamos suerte.

Empieza el Alarde por la tarde y se viven momentos especiales durante el mismo, cuando pasas por delante de la familia, te llenas de emoción al ver a la mujer, hijas (mi hijo desfila de redoble en la compañía), amatxo, hermanas, izebas, primas, sobrinos y demás… cuesta mantener la emoción. Luego todos tenemos nuestros puntos un poco berezis (balcones, etc.) a los que miras y saludas, y casi sin darte cuenta llegas a la bajada de la calle Mayor, uff uff aquí es cuando el cóctel eclosiona, solo recordarlo se me ponen los pelos de punta. Las horas de espera del público, la juventud, la cercanía, el recogimiento de la calle, el final del Alarde, la emoción, todo estalla. Éste, mi último año, al llegar a este punto después del chaparrón que había caído, ver a la chicas/mujeres tan guapas como siempre están el día de San Marcial empapadas de arriba abajo, pero gritando y animando de esa manera, no me pude contener y perdí un poquito mi compostura formal para animar con los brazos y el sable a las aceras, me salió de los más profundo de mi ser para demostrar mi gratitud.

Otros de los grandes privilegios de ser capitán o mando es poder ocupar junto al banderín y cantinera la primera fila en la plaza de San Juan, y ver los movimientos y lo que ocurre en plaza, explicando a la cantinera en cada momento cada uno de ellos, algo que lo vive de manera increíble porque sabe que solo esa vez podrá verlo, es una maravilla (entrada del General, llamada a capitanes, incorporación de la bandera de Irun, recogidas y entregas de bandera y banderines, tteiros, salvas, etc.), también se agradece tener a tu espalda los acompañantes de la cantinera siempre atentos a ésta, y a los soldados incondicionales algunos de ellos sin faltar año tras año durante 40 y 50 años (Musku, Martínes y demás), bonito momento el desfile en el acto de entrega de banderines junto a éste y a la cantinera, para después llegar a Fagina, momento triste porque se acaba el Alarde y bonito por lo vivido, y entre el “caos” las compañías abandonan “ordenadas” la plaza de San Juan cada una con su destino final, en nuestro caso a nuestro barrio de Santiago. Este año al pasar por el monumento de San Juan Harri e ir a saludar al General, el Comandante, el cornetín y el Estado Mayor (equipazo) me derrumbe, no pude contenerme y solté alguna lágrima, eso que me había dicho a mí mismo que no haría. Creo que es la primera vez que lloraba en el Alarde, siempre hay una primera y el momento así lo quiso, no pude aguantar la emoción por el final de un ciclo tan bonito, emocionante, especial…, el cóctel al que hacía referencia al principio, tras superar el trago y enfilar al barrio, otro momento especial para el capitán de la Compañía de Santiago, la llegada a la sociedad Aldapa donde se efectúan las dos salvas de rigor por los difuntos del barrio.

Como es costumbre cedo la primera descarga a la sociedad Aldapa (este año el responsable de ordenar la descarga fue el actual presidente, Gabi), en la segunda yo mismo doy las órdenes de carguen y apunten armas y es la cantinera quien con el sable en mano ordena FUEGOOOO, después el teniente saltándose las normas en conspiración con el resto de mandos ordena una tercera descarga por el capi (yo creo que para festejar que por fin se deshacen de mí). Acabadas las salvas otro momento increíble, recorrer con la compañía la calle Santiago hasta el final junto a los alféreces (Juanma, Javi), el teniente (Luismari) y el banderín (Jerome) los cinco formados en una fila detrás de la cantinera hasta el punto del rompan filas, donde la compañía me la lía no rompiendo filas en agradecimiento por estos años al frente de la mejor compañía del Alarde (¡eso lo digo yo claro!). Continúan los abrazos, los besos y agradecimientos mutuos, por parte de miembros de la compañía, cantineras, familiares, vecinos del barrio, etc. Termino muy, muy emocionado y sin poder expresar como me hubiera gustado que soy yo el que debe agradecer a todos ellos el privilegio de haber sido capitán de la Compañía Santiago. Como tampoco podré agradecer nunca lo suficiente la emotiva Alborada que este último año a las cinco de la mañana me tocaron debajo de casa (Urko, Mikel y Jon).

En resumen, las vivencias de un capitán son tantas y tan emotivas que son difíciles de explicar, esos momentos, frases, gestos, guiños, detalles, escritos, correos, whatsapps… que he recibido, me los guardo para mí.

Sigo sin saber cómo podré devolver a cada uno de ellos lo que me han dado. Mila esker. Eskerrik asko. Gracias.

Esto es la leche, menudo tesoro que tenemos en la cuidad de Irun.

Gora San Martzial!
Gora Irun!
Gora Santiago!