“El no poder facturar es una ruina, se acumulan los gastos”

Yon Gallardo Bracone, responsable de Papperino y vicepresidente de Bidashop

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La heladería Papperino acaba de cumplir 25 años endulzando los paladares de la comarca del Bidasoa. Su responsable, Yon Gallardo, vicepresidente de la asociación de comerciantes Bidashop, mira con preocupación el futuro que la crisis derivada del coronavirus puede traer al comercio local, ya de por sí castigado desde hace años por la implantación de las grandes superficies y los cambios en los hábitos a la hora de comprar. Hablamos con él de cómo el sector está atravesando este duro momento.

– ¿Cómo lleva el confinamiento?

Es una situación extraña. Ver las calles vacías, el silencio, parece una película post apocalíptica. Por otro lado, siempre hay cosas que hacer. Por mi parte, optimizar recetas, hacer pruebas, mejorar el sistema de trazabilidad. Me mantengo ocupado, la verdad es que no tengo mucho tiempo para aburrirme.

– El estado de alarma decretado por el Gobierno central obliga al cierra a aquellos comercios y locales cuyas actividades no sean de primera necesidad, lo que hace especial daño en el pequeño comercio. La ciudadanía se agolpa en las grandes superficies. ¿Cómo están afrontando los asociados de Bidashop esta situación?

Es una situación crítica. A veces da la sensación de que se ve al empresario como al tío Gilito o el señor bigotudo del Monopoli. Al menos es la sensación que da cuando toman decisiones en el Gobierno. La realidad es que la gran mayoría somos personas de a pie, con recursos limitados. El no poder facturar es una ruina, se acumulan los gastos (luz, agua, alquiler, seguros, stock acumulado, etc.) y las ayudas que han dado desde La Moncloa son insuficientes. Nos enfrentamos a otro tipo de dramas humanos derivados de esta situación. Estamos recibiendo menos ayudas que cualquier otro colectivo y quien no tenga ahorros lo va a pasar muy mal. Endeudarse a interés 0 no es una opción demasiado viable para la mayoría de las microempresas que ya estaban atravesando una situación complicada. Tenemos miedo de que esto termine de barrer muchos comercios de Irun, vemos riesgo de que mucha gente se arruine.

Por otro lado, vemos colas a diario en grandes superficies. Esto me entristece mucho ya que el mercado municipal y otras tiendas de alimentación de barrio están vacías. Me entristece que no sepamos gastar nuestro dinero de una manera más social, más consciente y responsable.

– Se han puesto en marcha campañas en redes sociales para comprar en el comercio local en cuanto volvamos a la normalidad, precisamente para paliar el golpe económico que esto va a suponer. Pero va a hacer falta algo más. ¿Cuáles serían las principales demandas del sector?

Estos días vemos las calles muertas con locales cerrados y apagados. Una ciudad triste en la que da miedo pasear. Es lo que tendremos en un futuro no tan lejano si no hacemos algún cambio en nuestros hábitos de consumo. Hace falta por un lado que la gente se conciencie de comprar en el comercio local. Ahí hay un doble trabajo, tenemos que conseguir esa conciencia social y, por otro lado, tenemos que adaptarnos mejor al mundo digital y reconvertir nuestra manera de trabajar. Ya que el año que viene entra en marcha Ticket Bai, y casi todos tenemos que cambiar nuestro TPV, estaría bien poder poner un sistema común que estuviera conectado con una plataforma de venta online. Stocks conectados, logística, etc. Por otro lado, y esto sería de necesidad inmediata, se debería de hacer un rescate para el comercio y la hostelería. Se ha visto en la banca, se ha visto en industrias. Esta situación es un cisne negro, no la hemos generado nosotros, pero nos ha pegado de lleno y de manera más acentuada. Una gran solución sería poder inyectar liquidez en las empresas de manera directa y sin devolución.

– ¿Tienen en mente algún tipo de iniciativa a nivel local o todavía es demasiado pronto para hablar de estas cosas?

Teníamos muchas cosas en las que estábamos trabajando para este año. Pero aún no sabemos cuando podremos salir a la calle. Sobre todo, cuando salgamos, no sabemos si se podrá seguir manteniendo la misma capacidad de congregación o si estará limitada. Hay que esperar para ver qué pasa más adelante. Ponernos a diseñar iniciativas y que luego no se puedan llevar a cabo sería otro jarro de agua fría que ahora mismo nuestro ánimo no puede aguantar.

– El Ayuntamiento de Irun ha anunciado un paquete de medidas para el sector comercial. El Gobierno Vasco ha aprobado también un paquete de medidas. ¿Han podido contactar con las instituciones?

La verdad es que tengo que agradecer al Ayuntamiento de Irun y a Bidasoa activa la cercanía estos días. Tanto técnicos como concejales se han puesto en contacto con nosotros preguntando por la situación, proponiendo medidas y preguntando también nuestras necesidades más inmediatas. Hay mucha predisposición y se agradece esa actitud en estos momentos. Por parte del Gobierno Vasco la información la recibimos por los medios y a través de la información que actualiza a diario Bidasoa activa en su web. Hay mucha incertidumbre, cada día parece que se digan cosas diferentes desde Madrid. A veces parece que esté en conflicto con lo que decida el Gobierno Vasco. Por otro lado, hay cosas que no les termina de quedar claro ni a nuestros asesores. La famosa cuota de autónomos que no sabemos si tenemos que seguir pagando, dejaría la famosa ayuda a los autónomos de 680 en menos de la mitad. Es insostenible.