Ángel Pazos, en el local que la Asociación Lírica Luis Mariano tiene en Palmera Montero. / Martín Tellechea

Nacido en Irun en 1969, el tenor Ángel Pazos Martín cumple este año 25 años de carrera profesional. Estudió en los conservatorios de Baiona y Burdeos, donde obtuvo la medalla de oro en el curso superior de canto. Posteriormente perfeccionó esos estudios en el Centro Nacional de Inserción para Artistas Líricos (CNIPAL) de Marsella durante la temporada 1996-97 y en la Ópera Studio de Dusseldorf durante 1997-98. Ha sido galardonado en los concursos internacionales de canto de Cosenza, Irun y La Rioja. En 1991 realizó sus primeras actuaciones como solista al participar en las producciones del grupo de teatro Tanttaka en Flaminio de Pergolesi y Hänsel y Grettel de Hümperdinck. En 1992 ingresó en el Coro del Gran Teatro de la Ópera de Burdeos, del que formó parte hasta 1996.

Ha cantado con las orquestas de Marsella, Bilbao, Euskadi, Solingen, Verdi de Milán, Nacional de Bielorrusia, Filarmonía Veneta, Niza, Bayona, Guardia Republicana de Francia y Colonne de París… en salas tan prestigiosas como el Auditorio de Milán, el Teatro de los Campos Elíseos de París, la Ópera de Avignon, el Teatro Rendano de Cosenza, el Comunale de Treviso, el Pin Galant de Burdeos, el Teatro Pergolesi de Jesi, el Teatro San Carlo de Nápoles y en festivales como los de Antibes, Chartres, Saint-Ceré, Macon o Bearn-Pyrenées, entre otros. Hemos hablado con él de su trayectoria, de su día a día y de sus proyectos.

– La primera pregunta es obligada. ¿De dónde le viene a Ángel Pazos la pasión por el canto?

La historia es curiosa: mi padre era el chófer del autobús que llevaba al Coro Ametsa a su actuaciones. Al enterarse de la formación de un coro infantil decidieron apuntarme. Creo tenía 6 años. Recuerdo que pasé una audición con Fernando Etxepare (q.e.p.d.) cantando la famosa «Susanita tiene un ratón»… partir de ahí mi afición creció. Me encantaba ir a ensayar. Y además en casa mi madre siempre ha sido muy cantarina, y por supuesto se escuchaba mucha música, en donde no podía faltar, por ejemplo, Luis Mariano, tanto en mi casa como en la de mis abuelos. Ya me encantaba entonces, pero desde luego un gran empujón supuso cantar con 14 años el «Mesías» de Haendel en 1983. Descubrí una gran orquesta, solistas… y una música maravilosa que me sorprendió tanto que acrecentó mi afición por el canto considerablemente.

– A lo largo de su trayectoria ha actuado en plazas como Milán, Nápoles, Burdeos, París… ¿Qué lugar le ha impresionado más?

Sin duda fue al descubrir una «ópera de verdad». Fue en mi debut en Burdeos formando parte del Coro de la Ópera del Gran Teatro, con 22 años, con apenas un año de conservatorio. Encontrarme allí dentro fue algo impresionante y que me sorprendió tantísimo… Era la ópera «Don Carlo», de Verdi, con gran cantidad de coros, ballet, vestuario suntuoso, escenografías magníficas. Era en el Palais des Sports, dado que el teatro estaba de obras, pero plantarse allí delante de tanta gente, tanto viendo como actuando, fue increíble. Guardo un gran recuerdo de Burdeos. Y su Gran Teatro (precioso en azul y oro interiormente y fachada imponente) sin duda es mi templo favorito, es como mi casa. También recuerdo con agrado mi primer “gran rol“ en la Ópera de Nantes (otro teatro precioso) cantando «Tamino» en la Flauta Mágica de Mozart, o el Requiem de Verdi en el parisino Teatro des Champs Elisées con la gran Orquesta de la Garde Republicaine, todos ellos vestidos de soldaditos, fue impresionante, auqnue como lugar excepcional me quedo con la Ópera Bastille de París. El escenario es como un hangar de aviación. Fui a hacer una audición para el coro y al estar allí en medio delante de un sitio tan gigantesco me sentí muy, muy pequeño. Es un edificio impresionante. Después he tenido la suerte de cantar en el Palacio Euskalduna de Bilbao, que no le va muy a la zaga en cuanto a dimensiones y majetuosidad.

– Si tuviera que destacar un referente en todos estos años, ¿de quién se acordaría?

De mi gran profesor Iñaki Olazabal, al que encontré en Burdeos. Él creó toda mi base de técnica vocal que es la que me ha permitido cantar y perdurar todos estos años gracias a sus enseñanzas. Su historia era también preciosa: era uno de esos niños exiliados de la guerra, natural del barrio bilbaíno de Begoña, al que entregaron en un convento de frailes en Burdeos. Allí estudió música y triunfó en el Gran Teatro como solista, para luego impartir clases. Al conocer Irun conmigo le encantaba venir aqui, tanto es así que sus cenizas están en San Marcial. Vocalmente, como grandes tenores referentes para mí, me he fijado mucho en cuatro de ellos: Alfredo Kraus, Plácido Domingo, el alemán Fritz Wunderlich y, por supuesto, Luis Mariano. Mis cuatro favoritos. Un gran referente musical en mi carrera ha sido el gran José Luis Azcue, con quien profundice en la carrera, repertorio y vida de Luis Mariano hasta extremos increíbles, nadie me ha acompañado ni acompañará nunca como él, sin duda el mejor pianista que he conocido y, por supuesto, mejor persona.

Luis Mariano siempre ha estado muy presente en esta trayectoria, por ser también un irunés que llevó un género como el de la opereta a las cotas más altas, posteriormente por el Concurso Internacional de Canto Luis Mariano y por último por la Asociación Lírica Luis Mariano. Cuando usted viaja a Francia, a Bélgica… hablar de Luis Mariano es siempre una excelente carta de presentación…

Sí, sin duda. En esos países adoran a Luis Mariano. Para muchos franceses y belgas fue la gran estrella del siglo pasado, 25 años en la élite absoluta. Marcó una época y hay muchas generaciones que aún hoy lo adoran. Así que cuando les digo que provengo de la misma ciudad que él y a veces pongo voz a sus canciones enseguida se te abren muchas puertas, y más ahora al contarles nuestras actividades con la asociación lírica que lleva su nombre.

– Vengamos al presente. ¿Cómo es el día a día en la vida de Ángel Pazos?, ¿qué funciones cumple dentro de la asociación?, ¿cómo compagina su carrera con el trabajo que desarrolla en la asociación?

La idea de crear la asociación lírica fue mía. Yo veía en Europa que en cualquier pueblecito mucho más pequeño que Irun existían estructuras que organizaban eventos, conciertos e incluso temporadas de música clásica o lírica. Así que me rodeé de varios amigos para poder fundarla. A partir de ahí siempre he sido el máximo responsable artístico. Yo diseño cada temporada, decido títulos, contrato solistas, producciones, escenografías, vestuarios, técnicos, etc. También llevo el tema de socios, entradas y papeleos… digamos que toda esa responsabilidad es mía, así que como imaginarás me lleva bastante tiempo. Gracias a Dios en estos 16 años siempre he tenido grandes compañeros de junta directiva que me han quitado y me siguen quitando mucho trabajo pero una gran parte del «peso» que conlleva una asociación así es mío. Prácticamente todos los días me doy una vuelta por nuestra oficina y me pongo manos a la obra. Muchas veces días enteros., muchas horas, pero encantado de trabajar para fomentar la cultura en nuestra ciudad e intentar ofrecer lo mejor que podemos en cualquier espectáculo. Eso ha conllevado que mi carrera haya quedado en segundo plano, aunque aún intento mantenerme en forma dado que sigo pudiendo actuar, por ejemplo, en países como Italia, Suiza, Portugal, etc. Sigue además entusiasmándome estar encima del escenario, así que cuando tengo una actuación en ciernes la verdad es que me queda muy poco tiempo para otras cosas, pero por el momento creo que consigo solventarlo correctamente. Fue una apuesta de futuro sacrificando algunas cosas por ello, pero creo que el paso del tiempo me está dando la razón sobre esa decisión.

– Acaban de representar en el Centro Cultural Amaia la ópera Werther, donde usted ha interpretado el papel protagonista precisamente por estos 25 años que cumple de carrera. ¿Actuar en casa siempre impone más?

Por supuesto, siempre es una responsabilidad añadida, vienen a escucharte tu amigos, familia, tu público de siempre… y quieres hacerlo mejor que nunca, demostrarles que sigues ahí bien al pie del cañón, pero desgraciadamente a veces esa presión hace que mi salud se resienta y me dé sustos en los días previos antes de actuar. Creo que debe ser el pago de la receta por tener que cantar y organizar a la vez, pero lo asumo y acepto, aunque también voy dosificando mis apariciones. Werther ha sido un regalo para mí y, a pesar del sustillo de salud habitual, lo he disfrutado muchísimo y creo que lo solventé bastante dignamente, así que me he quedado bastante contento.

– Tienen por delante la Gala de la Ópera Barroca en mayo, la zarzuela La Rosa del Azafrán en junio y la ópera Nabucco en octubre, para terminar con el concierto Gure Abestiak en diciembre, además de varias óperas de cine. Estamos hablando de representaciones que no tienen nada que envidiar a otras que se ponen en escena en plazas más grandes. ¿Les cuesta reivindicarse?

Efectivamente, nosotros no solo pensamos que a veces nuestras producciones no tienen nada que envidiar a las de otras plazas más grandes, incluso de sitios cercanos. Hay muchas capitales de provincia que no disfrutan de espectáculos de la calidad de los nuestros. Lo digo bien alto y bien claro, aunque pueda sonar a prepotencia, lo siento, pero es así. Muchas veces he asistido a varios de ellos y me he ido al descanso o en el primer acto por no poder soportar aquello. Lo que ocurre es que parece que solo las cosas buenas se hacen en las capitales, que la buena cultura solo se hace en las capitales, algunos lo venden así y mucha gente así se lo cree. Y es una pena, dado que de paso menosprecian injustamente lo que hacemos en ciudades o pueblos más pequeños sin conocernos. Muchos de ellos piensan de entrada que un espectáculo solamente por crearse o representarse en Irun debe ser ya de por sí de baja categoría y mala calidad. Lo curioso es que cuando algunos se dejan caer por aquí se dan cuenta de su error. Rectificar es de sabios dicen, nosotros somos conscientes de nuestras limitaciones (infraestructura teatral, económica, etc.), pero estamos seguros de que exprimimos al máximo nuestras posibilidades (haciendo bastantes milagros y tirando de mucha imaginación y arduo trabajo repleto de gran seriedad) para presentar un espectáculo mucho más que digno. Nuestro público habitual lo sabe y por ello nos son fieles tras 16 años y nos valoran. Habrá espectáculos mejores o peores, no somos infalibles, pero siempre mucho más que dignos, trabajados y cuidados, exprimiendo al máximo todos nuestros recursos. Así que nuestra verdadera reivindicación la presentamos siempre que levantamos el telón y ahí muchos se dan cuenta y valoran por fin lo que de verdad hacemos.

– ¿Cuál es la salud de la lírica y el canto en la ciudad?

En cuanto al canto se refiere a mí me preocupa bastante. Veo muy poco relevo generacional. No hay más que mirar a los múltiples coros existentes para darse cuenta de ello. En algún momento se perdieron eslabones de la cadena y hoy en día muy pocos jóvenes se interesan por el canto. Yo siempre escuchaba de mis mayores que en Irun cualquier cuadrilla cantaba en los bares y eso hoy en día se ha perdido salvo raras excepciones. Queda poca gente joven interesada de verdad por el canto, así que si buscamos solistas iruneses hoy en día los contamos con los dedos de la mano… es una pena.

Pasa lo mismo con la técnica vocal, a mi entender en total carencia en la ciudad. Hoy en día se canta «de cualquier manera», con técnica cero, y eso tampoco vale. Todo el mundo tiene derecho a cantar como quiera, pero creo que se están perdiendo una serie de conceptos básicos de técnica que no ayudan en nada a promulgar el «belcanto». Además, mucha gente que en teoría ama cantar y el canto, solamente parece gustarle cuando actúan ellos mismos… algo para mí incomprensible. Si de verdad te gusta el canto nada mejor que escuchar a otros. Te aseguro que siempre aprenderás mucho más que escuchándote a ti mismo.

En cuanto a la lírica, creo que es una actividad que se ha asentado en la fisionomía de la ciudad. Yo creo que mucha gente de la ciudad ya sabe que en Irun hay lírica y lo asume y acepta, incluso alguna vez hasta caen por allí (como en Aida o La Traviata, Turandot o las zarzuelas… todo ello con llenos absolutos.). Además, siempre tenemos nuestro público fiel, y nos llena de esperanza comprobar que año tras año el público joven (con esas entradas a 5 euros e incluso esos ensayos abiertos a escolares) ha crecido notablemente. Ellos son el futuro y debemos seguir sembrando para poder seguir recogiendo. Así que confiamos en nuestras políticas y actividades para ellos para que la lírica pueda seguir subsistiendo en Irun durante al menos otros 16 años.